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Las mejores decisiones son resultado de una emoción

En el momento en que conoces a una persona, sabes enseguida si te gusta o no, si te cae bien, si puedes tener una relación de pareja con él o ella. En ese preciso instante estás tomando decisiones como resultado de una emoción.

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Todos los días tomamos miles de decisiones y no todas las elegimos de forma racional: qué ropa ponernos, qué camino seguir para ir al trabajo, que medio de transporte utilizar. Si todas esas decisiones las tomáramos de forma racional, comparando pros y contras, no avanzaríamos y nuestra vida sería un caos.

No soy producto de mis circunstancias, soy producto de mis decisiones. S. Covey - ¡Compártelo!    

Con el tiempo nos damos cuenta de que el cuerpo nos transmite mensajes cada vez que tenemos que tomar decisiones importantes en nuestra vida. Esos mensajes están formados por una emoción que nos indica cómo nos vamos a sentir tomando una decisión u otra.

¿Qué es el proceso de toma de decisiones?

En el año 2005 Medin Ross&Markman definieron la toma de decisiones como un proceso cognitivo por el cual se evalúan diversas alternativas de acción y se estiman las consecuencias más positivas.

Si hablamos de proceso cognitivo nos estamos refiriendo a una actividad cerebral, es decir, a qué ocurre en nuestro cerebro entre la presentación de ciertos estímulos (opciones a elegir) y la ejecución de determinadas respuestas (elección o toma de decisiones). Sin embargo, en los procesos de toma de decisiones muchas veces interviene también una emoción.

Escuchar a una emoción y aprender a asumir riesgos

Cuando tenemos que tomar una decisión importante, que supone un cambio en nuestra vida, nace el miedo, el temor por el hecho de tener que salir de nuestra zona de confort, en la que nada cambia porque no asumimos riesgos.

Si somos capaces de escuchar lo que nos dice la emoción que nos provoca una situación, asumiremos el riesgo y comprenderemos que no se trata de tener éxito o de fracasar, sino de saber gestionar cambios y aprender.

“Si emociona pensarlo, imagínate hacerlo.”

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Gerd Gigerenzer, neurocientífico alemán, sostiene que el cerebro no deja de interferir en la realidad, hace conjeturas y cálculos en todo momento sobre la información que aportan los sentidos y nos ahorra el trabajo de razonar todo lo que hacemos.

Además, Gigerenzer ha constatado que suelen ser más acertadas las decisiones intuitivas que aquellas que son más razonadas. Se toman mejores decisiones cuando tenemos en cuenta un buen argumento que si tenemos diez no tan buenos.

La toma de decisiones y la inteligencia emocional

La inteligencia emocional es una capacidad humana que todos poseemos, aunque en algunos casos está más desarrollada que en otros. En este sentido, Daniel Goleman, impulsor del concepto de inteligencia emocional, observó en base a diversos estudios como el coeficiente intelectual apenas representa un 20% de los factores determinantes del éxito.

El 80% restante depende de variables como la clase social, la suerte y, sobre todo, la inteligencia emocional. Existen factores como la automotivación, la regulación de los estados de ánimo, el control de la emoción, la empatía y la confianza en los demás que son determinantes para lograr una vida plena.

“Ten el coraje para hacer lo que te dicen tu corazón y tu intuición”.

-Steve Jobs-

Como consecuencia de lo anterior, la inteligencia emocional nos ayuda a razonar con sentimientos sobre las decisiones a tomar. Se trata de lograr un equilibrio entre la razón y lo que sentimos, las emociones. Por lo tanto, nuestros sentimientos nos pueden ayudar a tomar decisiones inteligentes y correctas.

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Licenciada en Derecho, blogger y escritora. www.aranzazualvaro.com @ArantxaAlvaroF